domingo, 10 de agosto de 2008

TEORICO XIII-Oculocentrismo: comienzos de la Modernidad



Hacia fines de la Edad Media, en Italia, surge un creciente interés por representar el espacio de una manera coherente y unificada. Los artistas de este período realizan grandes esfuerzos por trasladar elementos tridimensionales, como arquitecturas y mobiliario, al plano bidimensional de la pintura.
Más tarde esta época fue considerada como “un renacimiento del arte”:
• S.XV Lorenzo Ghiberti usa el término “Renascere” como regreso a los valores formales y espirituales de la Antigüedad Clásica
• S.XVI Giorgio Vasari habla de “rinascita” en tanto recuperación de modelos de
Antigüedad Clásica
• S. XIX Jules Michelet y Jacob Burckhardt: generalizan el concepto para referirse al periodo de la civilización occidental iniciado con el renacer italiano.

Esto nos habla de una conciencia histórica emergente en el Siglo XIV que se desarrollo en las ciudades italianas donde la economía mercantil promovía la libre competencia y fortaleció una clase burguesa dedicada al comercio. Esta autoconciencia de cambio ya es índice de la Modernidad.
Pensar la Modernidad es considerar que se está viviendo una época diferente, la palabra “Moderno” proviene de una mezcla entre “hoy” y “modo” ( hodiernus y modus en latín ). El problema de la modernidad tiene que ver justamente con su esencial carácter cambiante e innovador. Su presencia en lo no-presente, o más bien, su establecimiento en el futuro inmediato -más allá de las discusiones acerca de su utopismo- colocan a la modernidad en la posición de "siempre cambiando", de "siempre yéndose" o de "nunca anclándose". Aquello que consideramos establecido en tanto ordenamiento del presente (presente en sus dos sentidos: temporal y espacial, el presente como hoy y el presente como "lo que está a mis ojos"), nunca puede resultar satisfactorio en virtud de la prioridad y ansiedad innovadora Si llamamos a lo establecido con el concepto de tradición, dando a pie a su origen etimológico como "lo transmitido"; lo moderno, en principio, se vuelve antitradicionalista y promueve el ejercicio permanente de la búsqueda de ruptura con lo que hay.
Ese cambio implicó una transformación en la concepción de la cultura respecto al Medioevo en el que el fundamento era la religión, la cultura comienza un proceso de autonomización que implicó su emancipación y subordinación a la idea de belleza.




La burguesía adopta el ideal estético cortesano que consideraba al arte una expresión del espíritu humano y por lo tanto sólo puede ser cultivado por quienes poseen conocimientos. Se vuelve a una concepción del arte no funcional como objeto dotado de su propio valor. Este proceso de secularización cultural implicó que los valores religiosos del arte fueran desplazados a un segundo plano. La representación simbólica se transforma con:
-Representación verosimil de la Naturaleza: utilización de la perspectiva geométrica o lineal (la pirámide visual). Plasmación del espacio tridimensional y ruptura del carácter plano de la pintura.
- Representación naturalista (realista), aunque idealizada, de la realidad. Naturalismo idealizado.
-• Representación de los volúmenes a través del modulado de las figuras (el color como recurso)
- Representación de la introspección psicológica en los personajes. Individualización de los mismos (importancia del retrato).
- Inspiración en la Antigüedad clásica. Plasmación de lo que se consideraba el ideal de Belleza clásico.
- Armonía compositiva: composiciones normalmente cerradas y de disposición triangular, buscando la armonía y el equilibrio.
- Utilización de una luz diáfana y repartida de forma homogénea en la obra (luz cenital).
- Colores armoniosos, sin estridencias, buscando la complementariedad cromática.
- Temática variada: religiosa o alegórica. Inspiración en los mitos de la Antigüedad, pero desde una interpretación cristiana de raiz neoplatónica.
- Las técnicas y los soportes también ofrecen gran variedad: fresco, temple, óleo,; tanto sobre soportes fijos (muros) como portátiles (tablas, lienzos).

La perspectiva renacentista es un sistema matemático que permite proyectar un objeto de tres dimensiones sobre un espacio de dos dimensiones (v.g.: un plano). Fue ideado por Brunelleschi cuando diseñó la cúpula de Santa María dei Fiori en Florencia, y fue puesta a punto y estudiada profundamente por Alberti, Massaccio y Piero Della Francesca, entre otros.
La perspectiva permite unificar la totalidad del espacio pictórico haciendo que todas las lineas horizontales de la arquitectura fuguen hacia un único punto de fuga común. Este punto de fuga está dentro del cuadro. Por lo tanto la mirada del observador queda retenida, en todo momento, dentro de sus límites. En la pintura gótica, las líneas de fuga conducen la mirada del espectador hacia fuera de los límites del cuadro. La perspectiva renacentista, por el contrario, conduce la mirada del espectador hacia el interior de la pintura. Un único punto de vista centrado en el observador.
Por último, la perspectiva instala, dentro del cuadro, un sistema al cual referir todas las medidas y todas las distancias. De esta manera todos los tamaños se ajustan a una única escala, desapareciendo toda desproporción o incoherencia entre los tamaños.

La perspectiva hace del ojo el centro del mundo visible. El mundo visible está ordenado en función del espectador, del mismo modo que en el Medioevo se pensó que el universo estaba ordenado en función de Dios. El campo perceptivo que quedó así constituido fue visual y cuantitativo.

Para Martin Jay la técnica de la perspectiva renacentista italiana se vincula con la función narrativa frente al arte nórdico que dio privilegio a lo descriptivo. El punto de vista da lugar a la perspectiva que se consolida con la filosofía de Descartes.

El número como era para los pitagóricos, en la Antigua Grecia, se vuelve artífice de la armonía. El concepto de “homo Quadratus” del arquitecto romano Vitruvio (S. I. A.C.) representa la idea de que el cuatro es el número del hombre, la figura con las piernas extendidas y los brazos puede ser abarcada por un cuadrado ideal; Leonardo da Vinci, también analiza las proporciones del cuerpo.

La estética del Renacimiento pone en el centro de la escena al hombre: l’uomo singolare. Algunos individuos encarnaron, además al uomo universale, el genio universal. Leonardo da Vinci (1452-1519) encarna este ideal, su interés en todo tipo de saber lo lleva a la defensa de la experimentación, investigación y el estudio. Para él, no hay tanta diferencia entre un artista y el Creador, la pintura es “pariente de Dios”. Al señalar la espiritualidad del arte, da un paso crucial para la fundamentación de la autonomía. Esta idea se basa en el presupuesto de que el arte tiene su propia verdad artística y por lo tanto puede interpretar libremente la realidad. Estas ideas legan a través del filosofo Marsilio Ficino (1433-1499) quien, por influencia de los textos de Platón, vincula al arte con la creación, valorando los aspectos espirituales de la estética. Emerge la concepción de “Bellas artes” (pintura, escultura, danza, música y poesía) que luego se consolida con la Ilustración .

El desnudo
El cuerpo desnudo ya no es indecoroso pero, aún no es cuerpo real- humano en la representación plástica. Esta operación de mostrar bajo un ropaje simbólico se denominó “puritas”, como se observa en el cuadro de Sandro Botticelli El Nacimiento de Venus (1496) donde vemos una mujer desnuda en la época que el célebre defensor de la religión Savonarola realizaba sus prédicas en Florencia contra la lujuria e inmoralidad de los textos de Petrarca y Boccacio (invitaba a quemarlos en “hogueras de vanidad). Sin embarga la Venus puritas no es licenciosa sino “figural” (término usado por DiDi- Huberman ) porque disimula la sexualidad que aún era considerada como horrorosa tras el pudor (tapa con sus manos su sexo). La desnudez “culpable” no entra en la escena pública y es un umbral de lo que se puede representar. Se pueden ver desnudos pero no la desnudez.