domingo, 28 de septiembre de 2008

TEORICOXIX- Revolución e ideal clásico












El Siglo XVIII implicó la guerra de sucesiones o la revolución francesa como marcos históricos que ocupan la escena política de la ilustración. En el contexto socioeconómico se producen también fuertes cambios como el auge de la agricultura que permitiría el incremento de la población o bien la modernización del comercio por el sector burgués con la creación de Sociedades Económicas de Amigos del País. Culturalmente el analfabetismo de la población y la distancia de las universidades con la ciencia actual fue combatida por los llamados novatores con la proclamación de la razón como fundamento de la ciencia, la experiencia como método y la utilidad como finalidad. Como factores fundamentales del siglo XVIII son también la aparición de la prensa literaria y científica y del periodismo crítico.
La frivolidad del estilo rococó (la palabra rococó es una combinación de "rocaille" (piedritas) y "coquille" (concha), elementos en los cuales se inspiran los primeros diseños) es interrumpida por la Revolución francesa en 1789.
En Todo lo sólido se desvanece en el aire (1982) Marshall Bermann considera que la Modernidad es: " un modo de experiencia vital -la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y peligros de la vida - que es compartido hoy por hombres y mujeres de todo el mundo. Llamaré a este conjunto de experiencias 'modernidad. Ser moderno es encontrarse en un ambiente que promete aventuras, poder, alegría, desarrollo, transformación de uno mismo y del mundo, y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que conocemos, todo lo que somos. Los ambientes y las experiencias modernas traspasan todas las fronteras de la geografía y las etnias, de las clases y las nacionalidades, de las religiones y las ideologías: en este sentido se puede decir que la modernidad une a toda la humanidad. Pero se trata de una unidad paradójica: una unidad de desunión. Nos introduce a todos en un remolino de desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia perpetuas. Ser moderno es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx 'todo lo que es sólido se evapora en el aire' ".
Podemos considerar que esta experiencia comienza a desarrollarse con el proceso capitalista - enumera los descubrimientos científicos, los conflictos. laborales, las transformaciones demográficas, la expansión urbana, los estadios nacionales, los movimientos de masas -, impulsados todos ellos, en última instancia, por el mercado mundial capitalista "siempre en expansión y sujeto a drásticas fluctuaciones". A esos procesos los llama modernización socioeconómica.
De la experiencia nacida de la modernización surge a su vez lo que Berman describe como "la asombrosa variedad de visiones e ideas que se proponen hacer de los hombres y las mujeres -tanto los sujetos como los objetos de la modernización, darles la capacidad de cambiar el mundo que los está cambiando, salir del remolino y apropiarse de él" son "unas visiones y unos valores que han pasado a ser agrupados bajo el nombre de "modernismo".
Moderna es la conciencia que tiene una época de haber superado sus lazos con el pasado. Esa conciencia del cambio la encontramos en Immanuel Kant(1724-1804)) quien encarna el espíritu de las luces diciochesco. Ciencia, moral y arte, son tres dimensiones separadas de la vida moderna que el filósofo se encarga de analizar en Crítica de la razón pura; Critica de la razón práctica y Critica del juicio(1790).
Kant conceptualiza ideas que regularán las aspiraciones de la humanidad que él encontraba madura para su autodeterminación: “a pesar de ser moderno, parecía añorar la unidad de la cultura vigente en la Grecia arcaica y pretendía lograr cierta unidad que le diera sentido a su época histórica. Pero mientras en lo arcaico la unidad estaba dada por el pensamiento mítico, en la modernidad, se aspira a la idea de una razón abarcatiba. A partir de ello, Kant concibió una ciencia, una ética y un arte racionales atravesados por la flecha implacable del progreso. Todo apuntaba a la utopía, al no lugar en que los sujetos sean serenos, justos y estéticos.” (Esther Díaz, 1999)
La cultura comienza un proceso de autonomización en el que las manifestaciones simbólicas se someten al criterio de racionalidad estética fundado en lo bello ( “finalidad sin fines” ) y lo sublime (lo elevado)l Lo bello aparece como "limitación de la forma", lo sublime, en cambio, posee la rúbrica de la infinitud. Es por esta ilimitación e infinitud que los objetos estéticos no pueden ya ser interpretados en términos de "pura presencia" o "limitación formal" y, correspondientemente, la experiencia estética en términos de una simple satisfacción positiva. A través de lo sublime, tal se podría afirmar, se introducen la negación y la nada en el dominio de lo estético. Para Kant la negación no puede sino cumplir una función enteramente positiva: la revelación, en la misma finitud de la naturaleza sensible, de la ordenación ilimitada del espíritu humano.
La diferencia fundamental entre las enciclopedias antiguas y las modernas está en que aquéllas persiguen conservar los conocimientos de una época y éstas más bien difundirlos; unas y otras, no obstante, mantienen la característica común de la falta de originalidad.
La Enciclopedia francesa del s. XVIII surge casi de forma anecdótica, al aceptar Diderot la traducción del diccionario de Chambers, Cyclopaedia o Universal Dictionary of Art and Sciences (1728), inicialmente confiada a otros, que Diderot comenzó más bien a transformar y reconstruir que simplemente a traducir. Los editores aceptaron la sugerencia de publicar una obra original y así nació el proyecto o Prospecto de la Enciclopedia, en 1750.
Diderot pidió la colaboración de d´Alembert, quien se encargó de redactar el Discurso preliminar. En él d´Alembert presenta la Enciclopedia como un sistema de todos los conocimientos humanos; al ser éstos inabarcables, busca una manera de representarlos en síntesis y, para ello, sigue la clasificación del «árbol del canciller Bacon», que divide la actuación de las facultades intelectuales y fabriles del hombre en facultades de memoria, razón e imaginación. La memoria es la sede de la experiencia o del conocimiento directo (historia); la razón, de la reflexión hecha con el razonamiento (filosofía); la imaginación, de la imitación reflexiva (bellas artes o poesía). Cada uno de estos grandes grupos de ciencias y actividades humanas se subdivide en muchos otros apartados que configuran, en definitiva, el árbol «de las ciencias, de las artes y de los oficios».
El primer volumen aparece en 1751; su publicación se suspenderá en 1752, tras la publicación del segundo volumen, y en 1759, cuando d´Alembert se retira del proyecto y se suprimen los permisos de publicación concedidos. A partir de esta fecha, publicados siete volúmenes, Diderot prosigue solo la edición de diez volúmenes de texto y cuatro de índices hasta 1765 y, posteriormente, cuatro volúmenes más de índices hasta 1772. Colaboran en la obra Rousseau, Voltaire, Duclos, Holbach, Quesnay, Turgot, Toussaint y otros escritores y philosophes ilustrados (hasta un total de 160).
La crítica y hostigamiento contra los prejuicios, la ignorancia y el error, el cuidado en definir y precisar bien los diversos conceptos, el espíritu de defensa de las libertades, el escepticismo derivado de la influencia de P. Bayle y el empirismo inspirado en Locke, concitan una pronta animadversión por parte de jansenistas, jesuitas y diversos centros de opinión y poder.