lunes, 16 de junio de 2008

TEORICO X- La transformación del mundo medieval



En la Edad Media la capacidad de leer y escribir (la «literacidad») en latín, que era la lengua culta, estaba en manos de los hombres de la iglesia. Se aprendia en la Escolae, de las cuales se distinguen dos tipos: Monásticas (vinculadas a un monasterio) o catedralicias (vinculadas a una catedral).
Se enseñaba religión o, técnicamente, la lectio divina, la palabra de Dios, que es la de la Biblia, y es a tal efecto que se enseña a los monjes y sacerdotes a leer y escribir.Era un saber religioso, un saber latino.
Se enseñaba lo que se llamaba el trivium. En romana los ciudadanos cultos se educaban en las artes liberales que se dividían en 2 grupos: el trivium (gramática, retórica, lógica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). En las escuelas monásticas y catedralicias se enseñaba sobre todo las dos primeras del trivium (es decir, gramática y retórica) y el resto del trivium y el quadrivium a penas se enseña o no se enseña en absoluto. Se trataba sobre todo de transmitir, las traditio. Transmitir la Biblia y lo dicho por los Padres de la Iglesia, principalmente por San Agustín de Hipona. Sin innovar: de hecho, se rechazaba la novitas.
Todo este panorama va a cambiar mucho a partir del siglo XI y sobre todo del XII. Las escuelas monásticas quedan muy estancadas mientras que las catedralicias avanzan. Esto es porque las catedralicias se sitúan en el ámbito de la ciudad. Los profesores cambian y los estudiantes también: van buscando una buena formación, no necesariamente para formar parte del clero, están dispuestos a ir cambiando de ciudad en su búsqueda de una formación completa o para seguir a un profesor. Se amplían los temas.
Pedro Abelardo reivindica el uso de la razón y expone que es necesario entender algo para poder explicarlo. Para entender el mundo, hay que usar la razón. Este cambio de mentalidad posibilita que los maestros estén abiertos a la razón pero también abiertos a la doctrina de los antiguos, y ya no solo a la de los Padres de la Iglesia y otras pocas autoridades.
Se multiplica el número de alumnos y eso fuerza la creación de una institución para dar respuesta a tanta demanda: la Universidad. Es una institución normalmente con cierto control eclesiástico, pero con autonomía de gobierno al frente del cual hay un rector. Empezó habiendo 3 universidades y a finales del siglo XV ya había más de 60. Eso implica un espectacular aumento de población letrada.
Se aplica el método escolástico: a través del diálogo, el maestro propone una pregunta, expone distintos puntos de vista, tiene lugar un debate y finalmente de nuevo el maestro interviene para exponer las conclusiones. Los nuevos maestros, sobre todo del siglo XIII, enseñan muchos saberes distintos pero sobre todo muchos saberes nuevos. No habían recibido la enseñanza de los griegos (Hipíocrates, Heurípides, Pitágoras, Platón y Tolomeo y sobre todo de Aristóteles. Y además, de los maestros musulmanes y judíos de los siglos X, XI y XII que también habían aprendido de los griegos, cuya doctrina habían comentado.
Los cristianos no leían a Aristóteles en griego, sino en árabe, idioma del que se traducia al latín a los griegos y también todos los comentarios.
Posteriormente se intentará comprender mediante la razón lo que ya se comprende mediante la fe. Por otra parte, para explicar el mundo ya no basta Dios y los pecados, sino que es necesario algo más.
El hombre es un ser que está en natura, microcosmos que vive en una entidad más amplia: el macrocosmos. Macrocosmos y microcosmos interactúan. Pero para descubrir esta naturaleza necesitamos entender, la razón, la ciencia. Eso enseñan los griegos. A la cristiandad lo que llega es una nueva forma de ver el mundo a través de los griegos. El descubrimiento de Aristóteles es el descubrimiento de natura, en cierta medida opuesto a un mundo sólo regido por Dios.
Entre 1440 y 1530 aproximadamente, en algunas de las ricas ciudades del norte de Italia comenzó a desarrollarse un movimiento cultural relacionado con la imagen del mundo que tenían los burgueses: el humanismo. La burguesía mercantil adopta tendencias humanísticas que consideraban al hombre el protagonista de la cultura. Aún manteniendo la concepción cristiana y clásica del conocimiento proponen una cultura abierta, dinámica, consciente del valor de lo humano ( humanitas significaba propiamente lo que el término griego filantropía, amor hacia nuestros semejantes, pero en él el término estaba rigurosamente unido a las litterae o estudio de las letras clásicas )

.
Los humanistas fueron hombres de las ciudades que se ocuparon de la enseñanza, de la investigación y que fueron muchas veces secretarios de personas importantes. Ocuparon esos cargos no por su riqueza o nacimiento, sino por su cultura. Con sus obras, buscaban sentar las bases de una nueva cultura independiente de la tradición cristiana escolástica. En contraposición al sistema jerárquico de la sociedad feudal, afirmaron la dignidad y el valor de cada individuo.
Humanismo estuvo estrechamente asociado con los intereses y las preocupaciones de quienes gobernaban la ciudad. Allí inició Nicolás Maquiavelo (1469-1527) sus reflexiones sobre la política. En su obra El Príncipe (escrita en 1513) analizó las distintas formas de gobierno, los modos de llegar al poder y los métodos para conservarlo, recurriendo a ejemplos tomados de la historia antigua. Maquiavelo quería contribuir con sus escritos a lograr la unidad de Italia. Para ello, describió las formas de acción política que consideraba adecuadas a la realidad que lo rodeaba, brindando consejos al “príncipe” para que pudiera sostenerse en el poder.
Otro humanista que ejerció una gran influencia en su época fue el holandés Desiderio Erasmo (1467-1536), quien en su sátira Elogio de la Locura (1511) criticó aspectos de la sociedad, particularmente los abusos de la Iglesia. Algunos autores consideran que contribuyó con esas críticas al desarrollo de la Reforma protestante a la que, sin embargo, nunca adhirió.
En filosofía, actitud que hace hincapié en la dignidad y el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las personas son seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la verdad y practicar el bien. El término humanismo se usa con gran frecuencia para describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa durante los siglos XIV y XV. Este renacimiento de los estudios griegos y romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su importancia en el marco del cristianismo.
Desde mediados del siglo XVI, la nueva imagen del mundo construida por los humanistas del siglo XV comenzó a difundirse progresivamente por Europa. El movimiento humanista comenzó en Italia, donde los escritores de finales de la edad media Dante, Giovanni Boccaccio y Francesco de Petrarca contribuyeron en gran medida al descubrimiento y a la conservación de las obras clásicas. Los ideales humanistas fueron expresados con fuerza por otro estudioso italiano, Giovanni Pico de la Mirandola, en su Oración, obra que trata sobre la dignidad del ser humano. El movimiento avanzó aún más por la influencia de los estudiosos bizantinos llegados a Roma después de la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453, y por la creación de la Academia platónica en Florencia. La Academia, cuyo principal pensador fue Marsilio Ficino, fue fundada por el hombre de Estado y mecenas florentino Cosme I de Medici. Deseaba revivir el platonismo y tuvo gran influencia en la literatura, la pintura y la arquitectura de la época.
En pintura esta nueva mirada introduce una concepción del espacio que emerge en la pintura de Giotto (1267- 1337) quien da a la naturaleza un modo de representación que se aleja de las formas bizantinas. El espacio es verosímil y las figuras se insertan de forma natural. Aunque, en cierta medida, su formulación espacial es bastante primitiva, su observación de la Naturaleza le lleva a crear un marco real, ya sea con arquitecturas, ya en un paisaje abierto, en donde transcurren los acontecimientos narrados. Además, Giotto individualiza a los personajes, que toman características y rasgos propios bien definidos: gestos, movimientos, expresión, algo que no ocurría desde la Edad Antigua.