sábado, 11 de octubre de 2008

TEORICO XVII-Impresiones burguesas: la soledad y el desencanto finisecular










"Una situación urbana, ha sido concebida como aquella en la que los extraños se encuentren en forma rutinaria"
Richard Sennet

"cuando los dioses desaparecen, la inmediatez de la percepción y la sensación creció en importancia; los fenomenos se volvieron reales como experiencia inmediata"
Richard Sennet

El arte “moderno” comienza con la experiencia urbana de la revolución industrial y se caracteriza por instalar los “ismos”, tendencias que rompen con lo establecido. La ruptura es un síntoma de la nueva conciencia histórica emergente: la misma pone en escena dos problemáticas: la masificación de la experiencia cultural (un nuevo público) y su reproductibilidad técnica (lo que Walter Benjamín denomino “perdida del aura”).
La transformación de la percepción pone de manifiesto el cambio en el régimen escópico: se va de la representación por la línea a la representación por el signo, de la descripción realista a la expresión de la crisis de la representación.
La voluntad de reflejar lo real aparece en el realismo . Honoré de Balzac, escritor francés muestra el poder de la técnica para escenificar la sociedad de su época como por ejemplo en la novela Papá Goriot ( 1819)

Eugenio, que entraba por primera vez en la habitación del tío Goriot, no pudo dominar un movimiento de estupefacción al ver el cuchitril donde vivía el padre, después de haber admirado el atuendo de su hija. La ventana no tenía cortinas. El papel pintado encolado a las paredes, estaba despegado en muchos sitios, por efecto de la humedad y se retorcía, dejando ver el yeso amarillento por el humo. El buen hombre yacía en una cama mala, no tenía más que una manta delgada y un cubre-pies guateado, confeccionado con los mejores trozos, de los vestidos viejos de la señora Vauquer. El suelo estaba húmedo y lleno de suciedad. Frente a la ventana, se veía una de esas viejas cómodas de palo rosa, de vientre inflado, que tiene tiradores de cobre retorcido, como si fueran sarmientos decorados con hojas y con flores, un viejo mueble mesita de madera, sobre el cual estaba una jarra de agua, la palangana y todos los utensilios necesarios para afeitarse” (pp. 181)

En Solos en la ciudad. La novela inglesa de Dickens a D.H. Lawrence Raymond Williams enlaza el surgimiento en Inglaterra de un nuevo tipo de novela en la década de 1840 con la emergencia de una nueva clase de conciencia forjada en la agitación de los cambios sociales. Dejando atrás los equívocos de la imitación y el reflejo, Williams asocia el realismo con un método artístico que se propone indagar y analizar las nuevas formas de la experiencia social, es decir insiste en el lazo del realismo con la representación crítica del presente. A medida que la modernidad profundiza sus transformaciones, las relaciones sociales adquieren mayor complejidad y se vuelve cada vez más difícil sostener la idea de una comunidad cognoscible. Las nuevas formas narrativas serán entonces las encargadas de encarar este conocimiento, esto es, de ejercer la “crítica social”, que Williams define como “una visión de la naturaleza del hombre y de los medios para su liberación en un lugar y un tiempo precisos y determinados” (1997: 69). Desde esta perspectiva adquiere gravitación la figura de Charles Dickens, cuya obra se entronca con las nuevas formas de la cultura urbana popular de la sociedad industrial. De esta manera, aquellos aspectos que serían considerados defectuosos de acuerdo al juicio crítico tradicional como la presentación de personajes planos y exagerados, el empleo de un lenguaje poco analítico, la proliferación en las tramas narrativas de coincidencias arbitrarias, revelaciones súbitas y cambios espectaculares de sentimientos, son revalorizados por Williams como rasgos de una nueva forma literaria relacionada con un nuevo tipo de ciudad. Estos procedimientos, que Dickens habría adoptado de la cultura popular urbana, captan en sus innumerables y diversos matices la experiencia moderna de la multitud y representan los aspectos materiales de la metrópoli como hecho social y paisaje humano. La obra de Dickens, concluye Williams, aprehende un nuevo tipo de realidad justamente “porque comparte con la cultura popular urbana ciertas experiencias y respuestas decisivas” (1997: 35), El nuevo tipo de experiencia –la vida en la ciudad moderna- encuentra su forma en las novelas de Dickens.
En un breve ensayo de 1845, “Filosofía de la composición”, Edgar Allan Poe defiende la teoría de la creatividad racionalista. El concepto de “composición” refiere a un cierto orden. En “El cuervo”, escrito en postrimerías del romanticismo, se da un ambigüedad: por un lado explica racionalmente su concepción y, por otro, la temática y el clima del texto en el que se unen belleza y muerte son románticas. La técnica de composición pone en evidencia un proceso de racionalización del arte: Paul Valery ( 1871-1945) también teoriza acerca de la creación en “Introducción al método de Leonardo Da Vinci “ donde critica la idea de inspiración y proclama el ostinato rigore , la creatividad racional.
Friederich Nietzche es un autor clave para comprender la tensión entre lo irracional y lo racional que surge en el arte del Siglo XIX , lo que está en juego, para él, en el arte es la iluminación metafísica del sentido del ser. En El nacimiento de la tragedia (1872) a través de la crítica al helenismo pone en cuestión la concepción racional del arte en Occidente: lo apolíneo y lo dionisiaco son dos instintos que descubre en la tragedia griega pero también se encuentran en todas las manifestaciones artísticas, “marchan uno al lado del otro, casi siempre en abierta discordia entre sí y excitándose mutuamente a dar luz a nuevos frutos”. El arte expresa “la voluntad de poder” no tiene ningún fin ulterior, es esencialmente afirmativo, porque da muestras de poder, de afirmación de la existencia. Además es comunicativo , “es el más alto punto de comunicabilidad entre las criaturas”.

El impresionismo surge de la lucha entre la pintura romántica y la realista. Hunde sus raíces en la escuela de Barbizón y los grandes paisajistas como Corot, Courbet, Millet y Boudin, que dan mayor importancia a la luz y el color. Asimilaron mucho de la escuela realista, coincidiendo con Courbet en que «la pintura es arte concreto y debe representar cosas reales y existentes», pero surgieron como reacción a las imposiciones académicas existentes. A partir del impresionismo la concepción de la obra de arte es totalmente diferente a la que había surgido en el Renacimiento.
Los impresionistas tienen un nuevo concepto del artista. Salen de su estudio y pintan directamente de la realidad. Debido a esto, la ejecución de un cuadro impresionista es muy rápida, ya que se trata de captar el instante irrepetible de luz en el paisaje. Este nuevo tipo de artista se fundamenta en el genio individual que vive de su arte, y que debe vender sus cuadros realizando exposiciones, por lo que depende de los marchantes, los coleccionistas y las galerías. El artista deja el taller para pintar directamente ante la naturaleza.
El impresionismo es un movimiento exclusivamente pictórico, por su concepción, aunque se aplica, un poco abusivamente, a otras artes cuando los autores pretenden apelar a las sensaciones que producen sus obras. El cuadro impresionista implica una construcción visual y mental de la figura, lo que determina una nueva actitud ante la obra de arte: activa en lugar de pasiva. Aplican el color en pinceladas sueltas y colores puros, sin mezclarlos en la paleta. El ojo es el que debe mezclar los colores. Su técnica se caracteriza por la pincelada suelta, creativa y definitiva. El dibujo desaparece, en favor de las manchas de color que abocetan la figura. Sus temas principales son el paisaje y el cuerpo humano, pero su sello definitivo se encuentra en el tratamiento de la luz y el color, todo ello desde el punto de vista de la burguesía, de su ocio. Los impresionistas tratan el color de una manera científica, según las teorías de Michel Eugène Chevreul de los colores primarios, complementarios, fríos, cálidos y las sensaciones que produce su combinación. Gracias a ello descubren que se pueden crear contrastes poniendo juntos colores de diferentes características, lo que les permite crear sensación de sombra utilizando color, en lugar de negro. Hermann von Helmholtz publica Óptica fisiológica, Daguerre y Niepce publican en 1839 sus descubrimientos sobre la fotografía y Darwin El origen de las especies. Además, la industria está preparada para proporcionar a los pintores una amplia gama de colores a precios baratos. En sus cuadros los impresionistas tratan de atrapar la atmósfera, para lo que eliminan el dibujo y potencian la luz solar y la perspectiva aérea.
Los impresionistas surgen como grupo en 1874, en la exposición del Salón de los Rechazados (rechazados de los museos oficiales). El crítico francés Louis Leroy les llama despectivamente impresionistas, por el cuadro de Monet Impresión: sol naciente, y ellos asumen el nombre. La capital del arte pasa, definitivamente, de Roma a París.
Velázquez y Goya pueden considerarse precursores del impresionismo en alguno de sus cuadros. Los impresionistas tratan de compaginar el color y la atmósfera con la volumetría matemática. Su tema principal es el paisaje, del que hacen series sobre un mismo motivo capturando la luz de las diferentes horas del día. Renuncian al dibujo utilizando manchas de color. También pintan temas de la vida cotidiana, sobre todo el tiempo de ocio de la burguesía. Para la mayoría de los pintores de este movimiento el impresionismo sólo fue una etapa de su obra.