martes, 4 de noviembre de 2008

Texto del filósofo Martin Heidegger en ARTE Y POESÍA inspirado en pinturas de van Gogh,









Elijamos un conocido cuadro de van Gogh que pintó más de una vez tales zapatos, pero, qué tanto hay que ver en éstos? Todo el mundo sabe lo que constituye un zapato. Si no se trata precisamente de unos zuecos o unas alpargatas, ahí están la suela y la pala de cuero, unidas entre sí por costuras y clavos. Semejante objeto sirve para calzar el pie. Según para lo que sirva, para trabajar en el campo o para bailar, son distintos el material y la forma. Estas indicaciones perfectamente justas no hacen más que explicar lo que ya sabemos. El ser del objeto en cuanto tal consiste en servir para algo... La labriega lleva los zapatos en la tierra labrantía. Aquí es donde realmente son lo que son. Lo son tanto más auténticamente, cuanto menos al trabajar piense la labriega en ellos, no se diga los contemple, ni siquiera los sienta. Los lleva y anda con ellos. Así es como realmente sirven los zapatos... Mientras no hagamos más que representarnos un par de zapatos, o incluso, que contemplar en el cuadro los zapatos que se limitan a estar en él vacíos y sin que nadie los esté usando, no haremos la experiencia de lo que en verdad es el ser del objeto. En el cuadro de van Gogh ni siquiera podemos decir dónde están estos zapatos. En torno a este par de zapatos de labriego no hay nada a lo que pudieran pertenecer o corresponder, sólo un espacio indeterminado. Ni siquiera hay adheridos a ellos terrones del terruño o del camino, lo que al menos podía indicar su empleo. Un par de zapatos de labriego y nada más. Y, sin embargo...

En la oscura boca del gastado interior bosteza la fatiga de los pasos laboriosos. En la ruda pesantez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha a través de los largos y monótonos surcos de la tierra labrada, sobre la que sopla un ronco viento. En el cuero está todo lo que tiene de húmedo y graso el suelo. Bajo las suelas se desliza la soledad del camino que va a través de la tarde que cae. En el zapato vibra la tácita llamada de la tierra, su reposado ofrendar el trigo que madura y su enigmático rehusarse en el yermo campo en baldío del invierno. Por este objeto cruza el mudo temor por la seguridad del pan, la callada alegría de volver a salir de la miseria, el palpitar ante la llegada del hijo y el temblar ante la inminencia de la muerte. Propiedad de la tierra es este objeto y lo resguarda el mundo de la labriega.

El ser del objeto consiste, sin duda, en servir para algo.... La obra habló, nos hizo saber lo que es en verdad el zapato... Si hay algo aquí de cuestionable es tan sólo esto de que en la cercanía de la obra hayamos experimentado demasiado poco y hayamos dicho, tan toscamente y con términos tan de buenas a primeras, lo experimentado... El cuadro de van Gogh hace patente lo que el objeto, el par de zapatos de labriego, en verdad es... Si lo que pasa en la obra es un hacer patente los entes, lo que son y cómo son, entonces hay en ella un acontecer de la verdad. La esencia del arte sería, pues, ésta: el ponerse en operación la verdad del ente.